El Lienzo

LA VIRGEN MORENA                                        

 



Es un lienzo de arrolladora belleza; es un mosaico de colores y plegarias. La Virgen de Belén es de tipo judío, como Belén, su pueblo, como Israel, su raza privilegiada. Blanco es su rostro, pero quemado por los soles de la Biblia, dorado como el trigal maduro, como las arenas del desierto. Esta cubierto del manto azul oscuro tachonado de luces.

 

La teología católica no sabe separar al hijo de su madre: carne de su carne y sangre de su sangre, alimentado con dulzura del corazón y vitamina de entraña, la virgen María lo concibió en su seno en el misterio de la encarnación, fue inseparable en su misión redentora y reina a su lado por toda la eternidad. Por eso lleva al niño entre sus brazos. Esta sobrecogido de ternura y en su afán de buscar el regazo maternal, son sus manitas se refugia en los brazos de María. Lleva en la frente una estrella. Cuando la Epifanía de Dios a los gentiles, un astro llevo el mensaje de los cielos a los príncipes de Oriente, para conducirlos por un camino de luz hasta la cuna divina. Por eso se llama la Virgen de Belén.

 

Además cuando el universo duerme en el regazo de la noche enciende la providencia estrellas en el cielo; cuando las rutas se pierden en la noche sombría aparece la estrella orientadora de todos los rumbos. El mundo es un mar y todos navegamos en él. Peligros y escollos, hay brumas y tempestades. Nos salva la protección de María, llamada por la devoción popular: Estrella del Mar. Por eso el pincel trazó sobre la frente una estrella resplandeciente.

 

Sus ojazos negros tienen algo misterioso; al contemplarla siente uno la impresión de su mirada en el alma como si estuviera viva, como si hablara por los ojos. Le lleva uno necesidades y la encuentra opulenta y generosa; le lleva amarguras y es entonces madre colmada de ternura. Le suplican los fieles y responde con el corazón en las pupilas. Por esos en su presencia se explica el éxtasis de los santos.