Aparición a Catalina

ALGO FLOTA EN LAS AGUAS



Una tarde, la indiecita Catalina vió un lienzo que flotaba en las aguas, en el remanso donde estaba lavando. Lo alcanzó con cuidado y lo extendió a secar sobre una piedra, junto al lavadero. Pero el corazón nada le decía y el agua seguía corriendo retratando pedazos de cielo y los arboles sosteniendo los nidos de las ramas.

Distraídamente embebida en sus pensamientos volvió a mirar el lienzo y notó una cosa rara. Cerró los ojos, volvió a abrirlos, miró por todas partes. Todavía palpitaban las luces de la tarde. Se limpió los ojos y miró con fijeza el lienzo. Entonces se le despertó el alma...le faltaba el aliento...quería salírsele el corazón. ¡oh!, Allí en el lienzo húmedo, una señora la esta mirando con inmensos ojazos de sorpresa y de dulzura.


 


Llevaba un niño precioso entre los brazos......


Entró en la choza, lo prendió del muro, lo rodeó de flores, le encendió un lampara y corrió por todas partes gritando y contando a los vecinos lo que había pasado. ¡No!, no estaba soñando...allí en la choza la tenía...y era muy bella, linda como un ramillete de enredaderas. Bondadosa y buena como el pan, como el agua.


 

Las vecinas que no comprendían los gritos de Catalina, acudieron a la choza y ¡oh sorpresa! Encontraron a la virgen: parecía que hablaba, estaba como viva, tenía un niño precioso entre sus brazos como una madre...,y los enfermos se curaban y maduraban los trigales, los niños ya no se morían y las penas tenían consuelo. El misionero de la encomienda que por allí pasaba, pudo comprobar la realidad de los acontecimientos y los milagros realizados. Explicó que era la virgen de Belén, por una estrella resplandeciente que el niño llevaba en la frente y les advirtió que debían ser muy buenos para que la señora Divina viviera siempre con ellos.